No sé si les pasa a ustedes, pero cuando estamos en alguna sobremesa y se conversa sobre la muerte, las reacciones son diversas, algunos y aquí me incluyo, podemos hablar del tema, otros, en cambio, asumen una actitud de negación y prefieren declinar la conversación.
En estos meses ha rondado la muerte en mi entorno… y a la vez ha surgido la necesidad de entenderla, no en un sentido trágico, sino que como objeto de estudio.
No cabe duda del dolor que genera la muerte de un ser querido, se alteran negativamente las expectativas acerca de nuestro presente y del futuro, pero también creo que, si sabemos un poquito más sobre la muerte, del duelo y los ritos que los acompañan, se nos hará más transitable esta experiencia.
La muerte no es un misterio, ni un desastre médico, la muerte es un proceso fisiológico, como dar a luz, ir al baño, toser o tener un orgasmo. Nuestro cuerpo sabe qué hacer y cómo morir.
La ley clasifica a la muerte como un plazo incierto, es decir, sabemos que va a llegar, pero no sabemos cuándo.
Si estamos frente a un diagnóstico de una enfermedad terminal, o bien de personas muy viejitas, sí se ha estudiado el proceso fisiológico de la muerte y se definen ciertas etapas:
1.- En el último mes de vida el cuerpo no podrá moverse de la cama, comer y beber será cada vez menos, dormir será mucho más, será común sufrir delirios, algunos dicen que el “tiempo” deja de ser real.
2.- Cuando falten 2 o 3 semanas se necesitará ayuda con todas las actividades básicas y cotidianas, aquí el cuerpo entra en un estado de Cetosis, lo que disminuye el hambre y el dolor, aumentando la sensación de euforia.
3.- En la última semana de vida puede darse lo conocido como “lucidez terminal” es una ola de energía y claridad mental.
4.- En la fase de muerte definitiva (para muchas culturas esta etapa es un momento sagrado), el cuerpo comienza a apagarse, aquí se pierde la consciencia plena, las mandíbulas se relajan, la respiración cambia, puede presentarse un gorjeo en la garganta causado por las secreciones terminales.
5.- Cuando la muerte es inminente, la respiración entra en un ciclo de inhalaciones profundas y pausas largas hasta que finalmente hay una exhalación no precedida por una inhalación…y ahí se acaba la vida.
Si recordamos que somos energía y como bien sabemos la energía se transforma, nunca se pierde, creo que, lo que se acaba es sólo esta experiencia terrenal, nuestra Alma Divina trasciende…
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